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Ensayo con actores: creando al personaje



Desde el momento en que el autor imagina a los personajes que formarán parte del relato fílmico, comienza su creación. No obstante, el recorrido que deberán de atravesar para llegar a la pantalla será largo y caprichoso.

Para desarrollarlos en el papel, el guionista debe conocer a sus personajes como si se tratara de personas de la vida real. Conocerá su pasado, sus lazos familiares, sus motivaciones psicológicas, pero sobretodo, conocerá la intimidad de sus pensamientos: Sus anhelos, sus deseos, sus metas; en resumen, debe conocer el superobjetivo de sus personajes.

Para trasladar a la escena las acciones descritas en el guión, el director debe recurrir nuevamente al superobjetivo planteado en el relato ¿Por qué los personajes hacen lo que hacen? ¿Cuál es el motor de sus acciones? En este sentido, una vez que se ha elegido a quién habrá de interpretar a los caracteres en el filme, es fundamental comenzar a trabajar con el actor para consolidar la creación del personaje.

El actor debe ser capaz de entender las motivaciones que impulsan al personaje y dejarse llevar por ellas, apropiándose de su estímulo vital al momento de realizar las acciones planteadas en la escena cinematográfica.

Desde la mesa de trabajo el director junto con los actores deben analizar y entender el complejo entramado que lleva a los personajes a actuar, es decir, a realizar acciones significativas; pero no será sino hasta el ensayo de las escenas, cuando en verdad se pongan a prueba los motivos traducidos en acciones y las acciones en emociones.

El ensayo con los actores es el terreno propicio para dar sentido a las acciones planteadas en el guión y proyectar en ellas sus emociones.

No obstante, será hasta el momento en que la cámara haya sido emplazada en su posición para filmar un determinado plano, cuando comience el ensayo propiamente dicho. Durante la filmación del relato será cuando el director y los actores deberán de enfrentarse a construir a los personajes a través de una narrativa fragmentada e, incluso, desarticulada cronológicamente en relación al guión original.

Existen muchos motivos técnicos y de producción que hacen difícil que una película comience a filmarse por el principio o termine con el final de la historia. Esta fragmentación, inherente al proceso de filmación, introduce dificultades con las cuales el director tendrá que trabajar junto con los actores, con la finalidad de construir el personaje de forma coherente.


Para que un actor conserve y pueda expresar los matices del personaje creado, a lo largo de diversos fragmentos de una misma secuencia, tanto él como el director deben tener claridad sobre los estados emocionales por los que atraviesa el personaje, así como las motivaciones que lo impulsan, de tal forma que al fragmentar una secuencia en diversos planos, el actor sea capaz de ubicar la emoción particular referente a la porción del relato que se filma, logrando mantenerla y recrearla en continuidad con los demás fragmentos que conforman la secuencia.

Construir al personaje es dotarlo de su dimensión humana consiguiendo en el espectador la sensación de relacionarse con una persona emanada de la vida real.

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